El mensaje y el mensajero
Sobre las creencias y el conocimiento
Esta semana hablamos en la formación sobre la importancia que tiene saber diferenciar tener creencias de tener conocimiento sobre un tema. Cuando uno quiere profundizar sobre un tema debe tener como premisa fundamental no creer lo que otros cuentan sobre ese tema sino ir a la fuente de la información. Y allí en contacto con el conocimiento de quien descubre o plantea el tema de interés tener la capacidad de discernir y comprender.
Si en el contacto con la fuente del conocimiento, a través de la búsqueda de la comprobación y de la reproducibilidad, llegamos a la conclusión de que lo que estudiamos es coherente, pues entonces tendremos conocimiento sobre ese tema. Sin embargo, si lo que hacemos es escuchar de otros, seleccionar desde nuestros sesgos lo que nos resuena sin ir a comprobar la validez en la fuente y sobre todo en la experiencia, lo que tenemos es una creencia no conocimiento.
Cuando no somos capaces de diferenciar nuestras creencias de nuestro conocimiento, nos faltamos y faltamos el respeto a una de las características más hermosas que tenemos como seres humanos: la capacidad de describir, comprender y explicar los fenómenos que ocurren en la realidad, la capacidad de generar conocimiento.
¿Entonces que hacemos? ¿Cómo podemos acercarnos al conocimiento, sin confundirnos, sin "faltar el respeto" al tema de nuestro interés o al autor?
Aquí alguna de mis estrategias:
- Siempre, siempre, siempre ir a la fuente!
No es lo mismo lo que dijo X autor, que lo que dicen los que lo leyeron e interpretaron lo que dijo. No es lo mismo lo que dijo Hamer, que lo que dicen los "hamerianos" (que muchas veces ni siquiera han leído a Hamer).
- Todas, todas, todas las conclusiones a las que arribo ya son producto de una interpretación
- Por lo tanto, no puedo defenderlas cómo la verdad absoluta y mucho menos enseñarlas cómo la "palabra de X". Son mi interpretación de X, una concepción "filtrada" por mis sesgos.
- Nunca, nunca, nunca dejar de estudiar y replantearse sobre el tema de interés!
Los conocimientos adquiridos sobre un tema sino no son replanteados a la luz de los nuevos descubrimientos se pueden convertir en creencias. Lo que me pone en riesgo de ser creyente de X y no estudiante de su descubrimiento.
- Nadie, nadie, nadie tiene el conocimiento absoluto sobre nada.
Por lo tanto, no tengo porqué estar de acuerdo con el 100% de lo que plantea. Pero tampoco debo descartar su aporte. Puedo tomar el porcentaje de conocimiento que encuentro coherente y dejar "en suspenso" lo que veo incoherente. De esta forma no me pierdo lo que su conocimiento puede aportar a mi comprensión.
No saber cómo relacionarse con el conocimiento,
no asumir los sesgos propios, no tener claro la diferencia entre el mensaje y el mensajero nos pueden llevar a dos posiciones:
- Si soy un "seguidor", un creyente, cada opinión que vaya en contra de los que "sé" la voy a sentir como un ataque personal y querré defenderme, diciendo que lo que estoy defendiendo es el conocimiento y no mis creencias.
- Si soy un "opositor", un inquisidor, pero nunca fui a leer la fuente. Juzgaré desde mis creencias y no desde el conocimiento. Afirmando que yo se lo X dijo, cuando en realidad yo estoy en contra del mensajero al que juzgo y no tengo ni idea del mensaje.
Dividirnos como personas en seguidor u opositor, en el que tiene la razón y el que está equivocado, no nos permite vernos, ni aprender los unos de los otros.
Yo prefiero ser estudiante, me gusta mucho más la sensación no saber que la de creer que ya se todo.
Asumir que no sabemos, nos abre la posibilidad de conocer más, de romper creencias, de reformular interpretaciones y de encontrar sentidos.